Por Gaurav Sharma
En un encuentro profundamente emotivo en la oficina del distrito de Park Extension, miembros de la comunidad y organizaciones se reunieron el martes para lamentar la trágica pérdida de Manjeet Singh, un hombre cuya lucha silenciosa terminó solo en el frío extremo de un invierno canadiense.
El señor Singh fue encontrado en un parque el pasado enero, tras haber sucumbido a temperaturas de congelación extremas. No murió solo por el frío, sino por las condiciones que lo dejaron sin refugio, sin apoyo y sin esperanza en sus últimos momentos.
En la India, una familia espera en duelo, su esposa, sus dos hijos pequeños y sus padres ancianos, todos dependían de él. Como muchas personas que llegan a Canadá en busca de una vida mejor, el señor Singh cargaba con el peso de la responsabilidad a través de continentes. Pero frente al desempleo y a dificultades crecientes, se encontró incapaz de asegurar incluso lo más básico, un lugar donde vivir.
Representantes de organizaciones comunitarias, incluyendo CAPE, BIPE y el Centro de Trabajadores Inmigrantes, estuvieron frente a la multitud compartiendo palabras llenas de dolor, frustración y urgencia. Hablaron no solo de Singh, sino de muchas otras personas invisibilizadas que enfrentan luchas silenciosas en las calles.
Mientras las velas titilaban en el aire frío de la tarde, las personas presentes se acercaron para donar lo que podían. Los fondos serán enviados para apoyar a la familia de Singh en la India, un pequeño gesto de solidaridad frente a una pérdida inmensa.
Pero para muchas personas presentes, una pregunta persistía dolorosamente, ¿esto pudo haberse evitado?
En el Centro de Trabajadores Inmigrantes lo decimos claramente, esto no era inevitable. Las y los trabajadores migrantes son empujados hacia condiciones de extrema precariedad por decisiones políticas. Sin estatus migratorio estable, excluidos de las protecciones sociales y obligados a aceptar trabajos precarios y mal pagados, muchos quedan a un paso de la falta de vivienda. Cuando llega el invierno, esa precariedad se vuelve mortal.
Esto no es negligencia, es abandono sistémico. Los gobiernos, en todos los niveles, han creado y mantienen un sistema donde la vida de las personas migrantes se trata como mano de obra desechable, útil solo cuando genera ganancias y abandonada cuando deja de ser rentable. Son las mismas políticas que niegan acceso a vivienda, atención médica y protecciones básicas las que hicieron posible esta muerte.
Manjeet Singh no murió solo por el frío. Murió porque un sistema le falló en todos los niveles.
La muerte de Manjeet Singh no es solo una tragedia, es una llamada de atención. Un recordatorio de que detrás de cada estadística hay una vida humana, una familia y una historia que merecía un final diferente.



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