Abr 29

Quebec 257 muertos. 43 en Montreal. Un sistema que mata.

Frente a las oficinas de la CNESST en Montreal, las voces de los trabajadores llenaron el espacio. Nos reunimos allí, como Centro de Trabajadores Inmigrantes, junto a UTTAM, CSN Construction y la Alianza sindical de la construcción. No vinimos solo a dejar flores o recordar nombres. Vinimos a decir claramente que estas muertes no son destino. Son el resultado de un sistema.

En 2025, 257 trabajadores murieron en el trabajo en Quebec. Solo en el área metropolitana de Montreal, 43 murieron. Estos números no son estadísticas. Son una acusación. Cada número representa una vida, un rostro, una familia esperando a alguien que nunca regresó. Y aun así, el mismo sistema sigue funcionando como si nada hubiera pasado.

Frente a la CNESST, esto no fue simbólico. Estaba lleno de rabia. Los trabajadores hablaron de obras convertidas en zonas de peligro diario. De ritmos impuestos. De presión para producir a cualquier costo. De una supervisión que se debilita en lugar de fortalecerse. Nadie habló de accidentes. Todos hablaron de responsabilidad.

En el centro de esta rabia está el ataque del gobierno contra los representantes de salud y seguridad a tiempo completo. Ellos están entre la vida y la muerte. Su presencia no es administrativa. Es protección. Quitarlos significa más riesgos, más lesiones, más muertes.

Lo que propone el gobierno no es una reforma. Es una reorganización del peligro. Traslada la responsabilidad a los propios trabajadores, en un sistema donde muchos no pueden rechazar condiciones inseguras, especialmente los trabajadores migrantes atados a sus empleadores por permisos cerrados y por el miedo a la deportación.

Aquí la realidad es clara. Los trabajadores migrantes, que forman una gran parte de la fuerza laboral en sectores peligrosos, son empujados a la primera línea sin protección. Su estatus precario impone silencio. Impone aceptación. En este contexto, la muerte no es un accidente. Es el resultado.

El Día de Conmemoración de los Trabajadores suele presentarse como un día de duelo. Pero lo que ocurrió frente a la CNESST fue otra cosa. Fue un paso del duelo a la confrontación. De recordar a los muertos a nombrar las causas.

El mensaje de la calle es simple. Quienes construyen esta sociedad no son desechables. Sus vidas no son un costo.

El gobierno debe retroceder en su ataque contra los representantes de salud y seguridad. Su presencia en cada obra es la protección mínima en un sistema que sigue fallando a los trabajadores.

Esto no fue solo una manifestación. Fue un recordatorio. La justicia no viene de arriba. Se conquista en la lucha.

Hasta entonces, la voz de los trabajadores será más fuerte que el silencio.

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