Feb 24

Detengamos los poderes arbitrarios del proyecto de ley C12

En un desarrollo político significativo, un comité del Senado ha recomendado eliminar los amplios poderes migratorios del proyecto de ley fronterizo C12, tras crecientes advertencias de organizaciones de derechos humanos, abogados y defensores de personas refugiadas. Han advertido claramente que la legislación propuesta podría violar los derechos humanos y carece de garantías básicas de debido proceso.

Esta recomendación no surge de la nada. El debate parlamentario reveló que el proyecto de ley otorga al gobierno amplias facultades para cancelar o suspender solicitudes y documentos de inmigración bajo la vaga justificación del “interés público”. Este término indefinido podría utilizarse contra refugiados, trabajadores migrantes, estudiantes y personas con estatus temporal. Conceder al poder ejecutivo este nivel de autoridad sin supervisión judicial efectiva abre la puerta a decisiones arbitrarias que afectan miles de vidas.

Los defensores de derechos señalaron que ciertas disposiciones crean un sistema de asilo de dos niveles y empujan a las personas que buscan protección hacia procesos más débiles, sin audiencias orales garantizadas ni salvaguardas adecuadas de apelación. Esto no es una simple reforma administrativa. Es una reestructuración del sistema de asilo que reduce la protección y acelera las deportaciones.

Intentar aprobar estos poderes bajo el lenguaje de la “gestión fronteriza” o la “eficiencia” oculta una realidad más peligrosa, la expansión del poder del Estado a costa de los más vulnerables. Cuando decisiones que cambian la vida sobre estatus, trabajo y residencia se rigen por términos vagos, el resultado es miedo, inestabilidad y mayor precariedad.

La recomendación del comité del Senado es un paso importante, pero no es el fin de la lucha. Ahora se necesita una amplia presión pública para eliminar las disposiciones que amenazan los derechos de refugiados y migrantes y garantizar que cualquier reforma legislativa respete la justicia, la transparencia y el derecho a una audiencia justa e independiente.

La dignidad no es un privilegio otorgado por el Estado.
La justicia no es una opción administrativa.
Los derechos de las personas refugiadas no son una cláusula que pueda borrarse en nombre del “interés público”.

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